lunes, 20 de febrero de 2012

Las horas parecen meses...

¿Qué son cuatro palabras pintadas en un papel si nadie puede leerlas? Lo mismo que mis manos sin tu piel, nada.
La noche en sí no es bonita, pero tiene la suerte de que la luna y las estrellas la adornen. ¿Y el día? Demasiada luz tiene diría yo. Solo me deja ver tu sonrisa, aunque no me quejo. ¿Nunca has mirado al sol creyéndote el más fuerte? A ver quién aguantaba más, porque menudo dolor de ojos. Si lo has hecho, supongo que te habrás dado cuenta de que luego no ves nada más, de que por mucho que lo intentes, lo ves todo del color del sol. Llega un momento determinado en el que dejas de hacerlo, más que nada por la sensatez que día a día adquieres y, entiendes que puedes quedarte ciego. Yo, en su día, pues también dejé de hacerlo, que tontería pensé. Pero pasa el tiempo y te conviertes en mi sol particular, que lo miro y lo remiro y no hay sensatez que pueda conmigo para dejar de mirarlo. Ignoro las advertencias, solo quiero verlo todo de tu color, aunque mientras escribía esto te he mirado un poco más de la cuenta, me he quedado ciega. 
Besé la lluvia

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